Históricamente Los Reyes Magos portaban oro, incienso y mirra, bienes preciados y valorados en su época. El oro fue obsequiado porque Jesús era un Rey, el incienso es un material que se quemaba delante de los dioses y era una forma de reconocerlo como Divinidad y la mirra se trataba de una resina en estado sólido destinado al embalsamamiento. El significado de la mirra para el niño Jesús era una especie de anuncio anticipado de que en algún momento iba a fallecer como cualquier otro ser humano aunque, más tarde, resucitaría.
En los años 60 el grupo musical «Los Stop» popularizaron aquella canción titulada «Salud, Dinero y Amor» que incluso a día de hoy, se sigue pidiendo cada Año Nuevo, porque no dejan de ser los fundamentos para una felicidad plena.
Pero la cuestión es, y para no desviarme del tema, ¿qué le pido a Los Reyes Magos como trabajadora social?. En determinados momentos, y fundamentados en los años de experiencia laboral, siempre termino con tres cualidades, que han sido mi cara y mi cruz a lo largo de mi vida profesional y son tres casualmente, integridad, honestidad y humildad.
Si profundizamos en cada uno de los conceptos, la RAE (Real Academia Española) define estos conceptos de la siguiente manera:
Integridad la define como «ser una persona íntegra«, es decir, «que no carece de ninguna de sus partes y ser una persona recta e intachable» y ¿porqué tengo la sensación que a medida que vivo más, experimento más y me relaciono más como trabajadora social, a veces, el ser una persona recta e intachable se valora cada vez menos? o tal vez con los años, me he vuelto un tanto avinagrada y no me permite ver más allá, pero a veces tengo la sensación, que lo extraordinario es ser una persona íntegra, es más diría incluso, que dicha cualidad ya no se valora tanto y está un tanto denostada.
Honestidad la RAE define que es «aquella persona decente, decorosa, pudorosa y razonable, justa, honrada y recta» ¡Uy! me suenan algunas palabras al Código Ético Profesional del Trabajo Social, pero bromas aparte, sigo planteándome lo mismo, porqué ser una persona honesta, cuesta mucho y por qué a veces, se convierte en nuestra peor cualidad, por ejemplo, cuando luchas contra titanes, que sólo piensan en medrar aunque sea a costa del sacrificio de los demás.
Humildad, la guinda del pastel, pues fíjense la RAE hace alusión una vez más a una cualidad, en este caso concreto, a una virtud y define este concepto de la siguiente manera, «virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y en obrar de acuerdo con este conocimiento». Y porqué una vez más tengo la sensación, de que a veces actuamos, sí han oído bien actuamos aquí me incluyo yo, sin ser conscientes de nuestras limitaciones y de no actuar de acuerdo con este conocimiento.
No sé, últimamente, me ha dado por pensar en estas tres palabras, que unidas, en teoría, son la conjugación perfecta de la felicidad, pero que a veces, a veces, no muchas, pero sí de manera significativa, para mí han sido la conjugación más dañina que he tenido. Una conjugación que me hace cuestionar, si ser una persona íntegra, honesta y humilde ha dejado de ser importante en esta sociedad, o que las pocas personas que seguimos o intentamos seguir actuando de esta manera, nos hemos convertido en una especie en extinción. No lo sé, simplemente hablo conmigo misma.
Pero a pesar de ello, hay algo o alguien, tampoco lo sé, que me dicta que este es el camino adecuado, que no hay otro, a pesar de las vicisitudes, a pesar de la incertidumbre, a pesar del hostigamiento, y que estas tres cualidades que le pido a Los Reyes Magos como trabajadora social, no dejen de ser mis referentes. Así que Melchor, Gaspar y Baltasar, sin ser una reina, ni una divinidad pero sí enteramente humana, les pido para este año Integridad, Honestidad y Humildad.
AUTORA: cualquiera de nosotras.





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