Esta semana se celebró en la Universidad de Verano de Maspalomas el curso “Juventud y Suicidio en Canarias”, concretamente los días 30 de junio, 1 y 2 de julio.
Una compañera del trabajo me había hablado acerca de este curso, que se celebró el año pasado y movida por la curiosidad, me apunté.
El curso estaba dividido en dos sesiones, la primera parte se analizaba el suicidio en la población juvenil desde el punto de vista psicológico y la segunda parte se analizaba el suicidio en la población juvenil desde el punto de vista del trabajo social.
Me llamó la atención los datos tan escalofriantes que se reflejaban en cada una de las ponencias, entre ellas que el suicidio es “la primera causa de muerte entre los adolescentes”, se habló también de los factores de riesgo y de protección, tan importantes estos últimos y para mi sorpresa tan asociados al trabajo social.
Pero si hubo una ponencia que verdaderamente me conmovió, fue la historia de Auxiliadora, madre de un hijo que se suicidó. Auxiliadora asistió a los tres días de la jornada y ella misma decía que estaba sorprendida, porque era la primera vez en su vida, desde que su hijo se suicidó, que oía hablar de factores de riesgo, factores de protección, de escucha, de acompañamiento… se sorprendía porque ella vivió la muerte de su hijo, sin tener esas herramientas, ella decía que “no tuvo duelo”.
Auxiliadora contaba su experiencia desde la serenidad que te proporcionan los años y el haber aceptado que tu hijo ya no está, hablaba con cariño y admiración sobre su hijo y cómo un día, como otro cualquiera, se despedía de él, después de desayunar juntos e irse ella a trabajar y cómo ese mismo día, dos policías de los cuerpos y fuerzas de seguridad fueron a su domicilio para decirle que su hijo se había suicidado.
Auxiliadora hablaba de los grandes apoyos que ha tenido en su vida, entre ellos, sus hermanas, su marido y sus compañeros/as de trabajo. Auxiliadora comentaba que ella no tuvo un duelo, que subsistía, realizando jornadas interminables de trabajo hasta acabar agotada para no pensar.
Auxiliadora hablaba desde la tranquilidad, saber que hizo todo lo que estaba en sus manos para ayudar a su hijo, de haber sido buena madre, de apoyarlo, de quererlo y de haberlo dado todo por su hijo.
Auxiliadora no hablaba desde la rabia, no hablaba desde el rencor, no hablaba desde la injusticia, sus palabras, en todo momento, fueron de aliento, de esperanza, de superación, como decía ella del “ave fénix, del resurgir de las cenizas”.
Auxiliadora decía qué importante es apoyarse en los demás, ser escuchado, validar lo que la otra persona nos está diciendo y no aconsejar y prejuzgar.
Auxiliadora decía que importante es hablar sobre este tema, visibilizarlo, comprenderlo y darle la importancia que se merece.
Auxiliadora fue el mayor de los testimonios que hubo en estas jornadas donde, a todos y todas se nos revolvieron las entrañas, donde la emoción se reflejaba en las lágrimas que se nos desbordaba a cada uno/a, oyendo hablar a esta madre y cómo desde su experiencia nos alentaba y nos animaba a que siguiéramos por este camino, acompañando a aquellos/as jóvenes desde la escucha, el cariño, la comprensión y el respeto.
Auxiliadora consiguió con su testimonio, un sentimiento de respeto, admiración y de enorme gratitud, por contarnos su vida y abrirse en canal como lo hizo ella.
¡Muchísimas gracias, Auxiliadora!
FUENTES: MARÍA TERESA CABEZA ALONSO/TRAZOS DIGITAL 2025





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