CON FIRMA PROPIA

“LA MEDIACIÓN FAMILIAR COMO VÍA DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS”, LUIS MANUEL RODRÍGUEZ OTERO.

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RESUMEN:
La intervención familiar en los servicios sociales comunitarios es uno de los pilares que sustenta nuestra existencia. En un marco sociopolítico marcado por la disminución de profesionales en los municipios especializados en menores y en la educación familiar tales como educadores sociales y familiares nacen nuevos retos profesionales que requieren de la incorporación de nuevos modelos y técnicas de intervención social.
A través de la mediación familiar buscamos la solución de problemas dirigida a una meta, resolviendo desaveniencias y reduciendo el conflicto en sí. Mediante esta técnica se propicia la creación de un espacio propicio para la toma de decisiones donde el propio usuario se convierte en protagonista directo e interviniente en la resolución de su problemática social.

PALABRAS CLAVE:
Familia, conflicto, resolución, contrato y mediador.

1.-Introducción:

En la andadura profesional de los trabajadores sociales de los servicios sociales comunitarios nos encontramos con numerosos conflictos familiares que dificultan nuestra intervención profesional.
Como indican Folger, J. y Taylor, A. (1992) la mediación es una alternativa a la violencia, la autoayuda o el litigio, que difiere de los procesos de counselling, negociación y arbitraje. Se trata de un proceso mediante el cual los participantes, con la asistencia de una o varias personas neutrales, aíslan sistemáticamente los problemas en disputa con el objeto de encontrar opciones, considerar alternativas y llegar a un acuerdo mutuo que se ajuste a sus necesidades.
A la hora de hablar de Mediación Familiar es inevitable tener que realizar una aproximación teórica a su definición y caracterización, tratando su fundamentación teórica y legislativa tanto a nivel internacional como estatal y autonómica.
Tras citar los modelos existentes de este tipo de mediación he considerado necesario realizar un pequeño inciso en los límites a los que se enfrenta y una enmarcación en el sistema procesal.
Siendo parte indispensable en el proceso de la Mediación Familiar a de más de las partes el mediador, he incluido un punto para definirlo y describir su actividad, su rol, su metodología así como las técnicas con las que cuenta, sin olvidar los límites y dificultades a los que se enfrenta en su intervención.

a) Concepto y tipos de mediación:
Existen diversos tipos de aproximaciones teóricas al concepto de la mediación. Entre los distintos autores que versan sus estudios sobre este concepto considero necesario destacar las definiciones que aportan:

Canales et col. (2003) la definen como “un procedimiento no judicial de regulación, y no necesariamente de resolución de los conflictos familiares que implica la intervención de un tercero imparcial, que guía a las partes, estableciendo comunicación entre ellos, para que estas encuentren por sí mismas la base de un acuerdo, que contribuirá a poner fin al conflicto (en este caso se estaría cerca de la conciliación), o bien a manejarlo y buscar una salida judicial. El mediador familiar, no es entonces un conciliador familiar y tampoco toma el lugar del juez. Una actividad práctica, destinada a facilitar el diálogo con el objeto de redefinir y resolver los problemas de reorganización de la familia, en un momento de crisis, como una forma de atribuir a los propios protagonistas del conflicto la toma de decisiones al respecto” (p. 2-3).

Cendrero (2006) entiendo por mediación el “proceso en el que un guía -el mediador- ayuda a gestionar un conflicto, que se encuentra inserto dentro del marco de las relaciones personales. Un óptimo instrumento de resolución de conflictos donde las partes han de ver, que el acuerdo al que se llegue debe de ser reconocido y satisfactorio para ambos; debiendo saber que son ellos, los interesados, los responsables y quienes encuentran las posibles soluciones del conflicto” (p. 101).
La Recomendación NºR (98)1, del Comité de Ministros a los Estados Miembros (U.E.)
sobre la Mediación Familiar de 1998 define mediación como un proceso en el cual un tercero, el mediador, imparcial y neutral, asiste a las partes en la negociación sobre las cuestiones objeto del conflicto, con vista a la obtención de acuerdos comunes.

La Directiva 2008/52/CE, de 21 de mayo de 2008 la conceptualiza como “Procedimiento estructurado, sea cual sea su nombre o denominación, en el que dos o más partes en un litigio intentan voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo sobre la resolución de un litigio con ayuda de un mediador”.
Como señala Blanco Carrasco (2009), a todas estas definiciones es común la identificación de una tercera persona llamada mediador que es neutral e imparcial, la existencia de un proceso y la necesidad de que las partes decidan cual es la solución a la controversia.

Existen distintos tipos de mediación. La forma de clasificarla puede atender a diversos criterios: según el carácter del servicio (pudiendo ser una mediación pública-institucional o una mediación privada), según la relación con el proceso (mediación judicial al margen del proceso pero se accede a la misma por vía judicial o mediación extrajudicial al margen del proceso) y según función del mediador, pudiendo ser mediación como sistema de gestión de conflictos o mediación facilitadora (mediación familiar) o mediación como sistema de resolución de conflictos o mediación evaluativa (mediación de consumo).

b) Fundamentación:
Distintas culturas a lo largo de la historia han incluido en su sistema organizativo y social procedimientos legales y de ayuda para la resolución de conflictos.
En la antigua China, la mediación era el recurso principal para determinar como resolver una discrepancia.

Tanto la mediación como la conciliación, tienen una importante historia en las costumbres y leyes japonesas. Lugar donde las poblaciones anhelaban que el líder, de cada una de ellas, ayudarán a las partes en conflicto a resolverlo.

En muchas tribus de África el congregarse en asamblea para la resolución de las desavenencias existentes entre las personas ha constituido durante mucho tiempo la manera informal utilizada. Siendo una persona con autoridad y respetada quien actuaba como mediador.
En los círculos familiares la mediación siempre se ha aplicado como recurso característico de la costumbre antropológica.

Las religiones también han utilizado esta técnica como medio de resolución de conflicto, así por ejemplo los judíos, los cristianos y los musulmanes basan sus costumbres en la resolución de conflictos con la ayuda de grupos.

El proceso de mediación familiar tal y como es entendido en la actualidad tiene su aparición en 1960 con una iniciativa del Departamento de Conciliación del Tribunal de Familia de Milwaukee (Winscosin, EE.UU.) desde conde se pretendía abordar los problemas derivados por los plazos de espera, el coste económico, la pérdida de función parental y otros tras el elevado incremento de divorcios contenciosos que por aquellas fechas tenían lugar con el consiguiente colapso en los juzgados. Si bien inicialmente la mediación familiar tuvo su origen como medio de resolución y asesoramiento en el proceso de divorcio y los conflictos referidos a la custodia y a la convivencia de los hijos con cada uno de los padres, más tarde, tras la incorporación de profesionales del arbitraje laboral, fueron abordados también los aspectos económicos.

A partir de ese momento, la mediación familiar fue siendo empleada como modo de resolución de conflictos en otros países como Canadá, Australia, Bélgica, Francia, etc. siendo actualmente una técnica con buenos resultados.

En España, la primera experiencia fue llevada a cabo en San Sebastián en 1988, subvencionada por el departamento de Justicia del Gobierno Vasco, si bien se trató de una experiencia que no tuvo continuidad en su momento. Más tarde, en octubre de 1996, el Gobierno Autónomo puso en marcha un servicio público y gratuito, atendido por psicólogos y abogados formados en mediación. En Madrid, se crearon en 1990 dos servicios al mismo tiempo, ambos subvencionados por el Ministerio de Asuntos sociales y en Barcelona, unos meses más tarde, se pusieron en marcha dos servicios dependientes de instituciones privadas. Posteriormente en un juzgado de familia de Barcelona, comenzó a utilizarse la mediación ofrecida por los técnicos de sus equipos psicosociales.

c) Modelos:
Cendrero (2006) señala tres principales tipos de mediación, a los cuales se accederá dependiendo de factores clave como el tiempo de permanencia en el conflicto, la premura para solucionar el conflicto, el espacio del tiempo del proceso, el coste monetario del proceso, lo ocurrido, el respeto a los derechos, la comunicación entre las partes…. Las principales características de estos modelos son:

MODELO FUNDAMENTACIÓN MÉTODO
HARWARD: Utiliza la comunicación lineal, donde todos son iguales. El mediador es el facilitador de la comunicación entre las partes.
Existencia de un desacuerdo que es la causa del conflicto.
La intervención del mediador se centra en los intereses y necesidades.
1º- Airear las emociones y los sentimientos.
2º- Separar la persona del problema, distinguiendo problemas y emociones.
3º-Objetivar el problema para acceder a las necesidades y generar alternativas.

TRANSFORMATIVO: Modelo de comunicación basado en las relaciones. La comunicación la considera importante en el plano de las relaciones, no siendo suficiente que una parte entienda a la otra.
Existencia de múltiples causas generadoras del conflicto.
1º-Apoderamiento: legitimación.
2º-Co-protagonismo y responsabilidad de las partes del conflicto.

CIRCULAR-NARRATIVO : Importancia de la comunicación y los malos entendidos.
Distingue una causa circular formada por diversas causas que se va retroalimentando y nutriendo el conflicto.
Intervención del mediador.
1º-Permitir que las partes se manifiesten con cierto orden controlado por el mediador para aflorar las diferencias.
2º-El mediador ofrece el problema desde otro punto de vista.
3º-Devolución por parte del mediador de todo aquello que las personas están diciendo (sin interpretar ni introducir datos).
4º-Decisión de la familia sobre la continuidad.

2.-Presentación del tema: La mediación familiar.

Una vez presentado el concepto y las características de la mediación debemos presentar propiamente el tema que nos compete. Para ello antes de analizar y desgranar los aspectos intervinientes en la mediación familiar considero oportuno ofrecer una definición genérica así como una breve descripción de sus características.

a) Concepto:
La Recomendación NºR (98)1, del Comité de Ministros a los Estados Miembros sobre la Mediación Familiar de 1998, considera como características específicas de los conflictos familiares, que implican a personas que tienen relaciones interdependientes que continuarán en el tiempo. Surgen en un contexto emocional difícil que los agrava y que la separación y el divorcio tienen impacto sobre todos los miembros de la familia, especialmente sobre los niños.

Señala que la mediación familiar tiende a mejorar la comunicación entre los miembros de la familia, reducir los conflictos entre las partes en litigio, dar lugar a acuerdos amistosos, asegurar la continuidad de las relaciones personales entre padres e hijos, reducir los costos económicos y sociales de la separación y del divorcio para los implicados y para los Estados y reducir el tiempo necesario para la solución de los conflictos.

En España la Ley 18/2006, de 22 de noviembre, de mediación familiar contextualiza la definición en su artículo 4 de la siguiente forma: “Mediante el contrato de mediación, una persona denominada mediador familiar se obliga a prestar los servicios de información, orientación y asistencia, sin facultad decisoria propia, a cuenta y por encargo de los sujetos que, perteneciendo a una misma familia o grupo convivencial, están en conflicto y que se obligan a retribuir sus servicios con la finalidad de llegar a acuerdos”.

Así mismo el artículo 8 establece la “materia” objeto de mediación estableciendo que: “No hay contrato de mediación sin conflicto familiar. Los sujetos que se someten a la mediación deben determinar la extensión de las materias sobre las que pretenden llegar a un acuerdo con la ayuda de la persona mediadora. Las cuestiones que pueden someterse a la mediación familiar deben referirse siempre y necesariamente a materias de derecho civil de familia, que sean disponibles por las partes de acuerdo con este derecho y que sean susceptibles de ser planteadas judicialmente”.

La Ley 7/2001, de 26 de noviembre, reguladora de la mediación familiar en el ámbito de la Comunidad Valenciana, que en el Título I, artículo 1 expone: la mediación familiar es un procedimiento voluntario que persigue la solución extrajudicial de los conflictos surgidos en su seno, en el cual uno o más profesionales cualificados, imparciales, y sin capacidad para tomar decisiones por las partes asiste a los miembros de una familia en conflicto con la finalidad de posibilitar vías de diálogo y la búsqueda en común del acuerdo.

La Comunidad de Madrid en una campaña informativa denominada “La Mediación Familiar nos ayuda a encontrar soluciones” para dar a conocer la mediación familiar la definió como: “ una forma voluntaria de resolver las tensiones o conflictos familiares con la intervención de una persona mediadora que ayuda a la familia a dialogar y alcanzar acuerdos consensuados, cuyo fin es prevenir, disminuir o resolver los conflictos familiares, exista o no un proceso judicial, y se caracteriza por favorecer la comunicación, mejorar las relaciones familiares y ayudar a la resolución de todo tipo de conflictos a través del diálogo y la negociación.

b) Características:
Para definir las características de la mediación familiar es necesario indicar que esta se rige por una serie de principios inspiradores de su acción, tales como que: las partes pueden acogerse o desistir voluntariamente de la mediación, las entrevistas y acuerdos son siempre confidenciales, el mediador es una persona imparcial y neutral y que la mediación protege los intereses de menores y personas dependientes.

La Recomendación NºR (98)1, del Comité de Ministros señala que los principios que deben regir el proceso son: que el mediador es imparcial en sus relaciones con las partes, es neutral respecto al resultado del proceso de mediación. Respeta los puntos de vista de las partes y preserva su legalidad en la negociación, no tiene poder para imponer una solución a las partes.

Las condiciones en las cuales se desarrolla la mediación familiar deben garantizar el respeto a la vida privada. Las discusiones que tienen lugar durante la mediación son confidenciales y no pueden ser posteriormente utilizadas, salvo acuerdo de las partes o en caso de estar permitido por el derecho nacional.

El mediador debe, en los casos adecuados, informar a las partes de la posibilidad que tienen de recurrir al consejo conyugal o a otras formas de consejo como modos de regular los problemas conyugales o familiares. Debe tener especialmente en cuenta el bienestar y el interés superior del niño debiendo alentar a los padres a concentrarse sobre las necesidades del menor y debiendo apelar a la responsabilidad básica de los padres en el bienestar de sus hijos y la necesidad que tienen de informarles y consultarles.

Debe poner una atención particular a la cuestión de saber si ha tenido lugar la violencia entre las partes, o si es susceptible de producirse en el futuro, a los efectos de que puede tener sobre la situación de las partes en la negociación, y a examinar si, en estas circunstancias, el proceso de mediación es adecuado. Puede facilitar informaciones jurídicas pero no debe dar consejo jurídico. Debe, en los casos apropiados, informar a las partes de la posibilidad que tienen de consultar a un abogado u a otro profesional competente.

La mediación puede abordar numerosas situaciones. Entre todos caben destacar: los problemas de relación y comunicación entre los miembros de la familia -especialmente entre padres e hijos adolescentes, las desavenencias derivadas de la ruptura, separación y divorcio de la pareja: funciones parentales, régimen de visitas, reparto de bienes comunes, contribución económica, etc. Las dificultades originadas por el cuidado de familiares mayores o con discapacidad, los conflictos con la búsqueda de orígenes del adoptado, eventual encuentro o relaciones posteriores con la familia biológica, etc. Las discrepancias entre el menor acogido, la familia acogedora y la biológica, los desacuerdos por herencia o empresa familiar…

Por otra parte no pueden ser objeto de mediación los conflictos que deban ser abordados desde otros tratamientos o terapias. Así como casos de violencia, abusos y violaciones (Cerdrero, 2006, p.116).
Como características generales de este tipo de mediación, considero que se podrían señalar: la necesidad de un contrato y el carácter voluntario e informal. En cuanto a la necesidad del contrato en primer momento debe materializarse como un acuerdo de mediación o acta inicial de la mediación y en un segundo momento contractual como un negocio jurídico mediado. Debe ser voluntario tanto para iniciarlo como para finalizarlo (alcanzando aun cuerdo entre partes y el mediador) y debe de tener un carácter informal pero teniendo un proceso.

Por otra parte considero necesario señalar que la confidencialidad es un elemento esencial de la mediación, por lo tanto, el informe presentado por el mediador a la autoridad judicial, debería contener solamente los acuerdos concluidos, pero no el contenido de las discusiones a través de las que se lograron.

3.-Desarrollo de los aspectos del tema:

A este punto conociendo el significado y las características generales de la mediación familiar, es necesario describir los modelos existentes, la población diana , su proceso, así como su relación con el proceso judicial, sus límites y sin olvidar definir la figura del mediador, sus características, funciones, obligaciones y derechos.

a) Modelos de mediación familiar:
Existen distintos tipos o modelos de mediación familiar que se aplicarán dependiendo de la tipología de la problemático o de los protagonistas implicados en el conflicto. Gately et col (1994) destacan cuatro:
– Modelo legal: su prototipo es la mediación estructural de Coogler, el punto importante está en que las reglas y normas quedan definidas de manera clara. Se fomentan las conductas cooperativas, dejando de lado las estrategias competitivas.
– Modelo de negociación: se caracteriza porque el poder y las habilidades de las partes son iguales, ambos ceden terreno en pro del otro partiendo de una base justa.
– Modelo de mediación terapéutica: los sentimientos es el campo en que se interviene, ayudando a las partes a afrontarlos para llegar a la decisión de un acuerdo de forma adecuada.
– Modelo comunicacionalista: en este modelo se da información y ofrece orientación a la par que se promueven capacidades de comunicación a cada una de las partes.

b) Población destinataria:
La mediación puede ser solicitada por distintas personas siempre que exista un conflicto. Entre ellas cabe señalar: los matrimonios o uniones de hecho, los familiares hasta el cuarto grado de consanguinidad o afinidad, la familia acogedora, los acogidos y la familia biológica, la familia adoptante, los adoptados y la familia biológica y las personas con menores a cargo.
Como expresa el artículo 17 de la Ley 18/2006, de 22 de noviembre, de mediación familiar, son obligaciones de los sujetos de la parte familiar en conflicto: asistir personalmente a las reuniones de mediación sin representantes ni intermediarios, valorar las propuestas de la persona mediadora y proponerle contrapropuestas, en su caso, con la finalidad de obtener acuerdos y satisfacer las compensaciones económicas u honorarias al mediador familiar, a no ser que tengan el beneficio de gratuidad, así como los gastos ocasionados por la mediación.

c) Proceso:
En el proceso de mediación caven diferenciar tres partes que marcan cada una de ellas una etapa distinta de la anterior pero siempre subyacente. Estas son la “premediación”, la “mediación” y la “postmediación” (Ortemberf, 1996, Bernal ,1998, y Cárdenas, 1999)
En la etapa de “premediación” se producen tres principales puntos. En un primer lugar una conversación telefónica o entrevista individual, donde se debe informar someramente y valorar la demanda e invitar a la parte no presente. Posteriormente se realiza la una primera entrevista conjunta (que deberá tener la siguiente estructura:
recepción, presentación mediador: monólogo útil, primera exploración del problema, determinación de la existencia de un conflicto mediable/no mediable, verificación voluntad de trabajar y decisión de separación, aclaración de las dudas jurídicas, definir un contexto compartido y devolver protagonismo y firma compromiso de confidencialidad.

En la etapa de “mediación” se realizará una exploración de objetivos y se redefinirá el conflicto. Para ello se utilizarán técnicas como la realización de listados de temas, el trabajo de las posiciones y la redefinición del problema (reformulación). Posteriormente se determinarán las distintas opciones con la valoración de alternativas propuestas, la búsqueda de intereses, la realización de propuestas de alternativas, la toma de acuerdos, su redacción, la lectura de estos y la firma del compromiso a llevarlos a cabo (Gozaini,1996).
En una última etapa denominada de “post mediación” tendrá una duración de 3 meses
prorrogables hasta los 6 (art. 18 LMM) y se basará en el seguimiento telefónico o mediante entrevistas para determinar el éxito o fracaso de la intervención realizada.

d) El contrato de mediación:
Cabe realizar un breve inciso para explicar en qué consiste este contrato. El artículo 4 de la Ley 18/2006, de 22 de noviembre, de mediación familiar lo define de la siguiente forma: “Mediante el contrato de mediación, una persona denominada mediador familiar se obliga a prestar los servicios de información, orientación y asistencia sin facultad decisoria propia, a cuenta y por encargo de los sujetos que, perteneciendo a una misma familia o grupo de convivencia están en conflicto y que se obligan a retribuir sus servicios con la finalidad de llegar a acuerdos”.
Así el artículo 9 añade que debe otorgarse por escrito, una vez firmado el contrato, la persona mediadora debe entregar a la otra parte un pliego que contenga los principios por los cuales se rige la mediación y los derechos y las obligaciones de ambas partes.

En el contrato debe constar:
– Las circunstancias personales de las personas que lo otorgan, consignando su nombre y sus apellidos; el documento nacional de identidad (o documento equivalente); la mayoría de edad -o, si no, la emancipación y la residencia habitual. También deben consignarse la condición civil de casado, soltero, viudo, separado o divorciado; la circunstancia de constituir pareja estable, de hecho o grupo convivencial; y, en su caso, también debe expresarse el régimen económico matrimonial o de la pareja.
– Las circunstancias personales del mediador familiar y su número de registro. Si pertenece a un centro de mediación de un colegio profesional o de una entidad pública o privada, deben reseñarse también sus datos de identificación.
– La determinación del conflicto por el cual se otorga el contrato y de las cuestiones que serán el objeto de la mediación, así como las instrucciones, en caso de existir.
– La programación del desarrollo de las actuaciones de mediación que se consideren necesarias, así como la planificación y la duración aproximada. Debe hacerse constar si la persona mediadora debe ayudarse de otros profesionales.
– La fecha y la firma de las partes. Deben extenderse tantas copias como personas integren las partes contratantes.

e) Relación con el proceso jurisdiccional:
La mediación previa al proceso judicial no impide el acceso a la jurisdicción. Como he indicado anteriormente se caracteriza por ser voluntaria.
En cuanto a la mediación durante el proceso judicial o mediación intrajudicial, Blanco Carrasco (2009) señala que pude producirse mediante dos vías: a solicitud de las partes (Ley 15/2005, de 8 de julio, por la que se modifica el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio) o a iniciativa del juez (Ley 9/1998, de 15 de julio, de Código Civil de familia de Cataluña).
La función de mediador puede ser atribuida a un juez mediador no competente sobre fondo. (Art. 3 Directiva de 21 de mayo de 2008) o a un servicio de mediación independiente.
En cualquier caso no es compatible con el proceso judicial y tiene como efecto la supresión del proceso (Ley 15/2005, de 8 de julio, D.A. Unica: art. 770. 7LEC).
Cabe señalar la existencia de problemas en relación plazos de prescripción y caducidad (art. 8 Directiva 21 de mayo de 2008).

f) Límites:
Existen ciertos casos en los que esta práctica no es posible. Así el artículo 11 de Ley 18/2006, de 22 de noviembre, de mediación familiar establece las “Causas de incompatibilidad” y señala que no pueden otorgarse contratos de mediación, excepto cuando exista acuerdo de los integrantes de la parte familiar:
– Con mediadores familiares que hayan intervenido como profesionales en interés de algún sujeto en conflicto.
– Con mediadores familiares unidos con vínculo de parentesco, de consanguinidad o de adopción hasta el cuarto grado o de afinidad con cualquiera de los sujetos, ni los que tengan amistad íntima o enemistad manifiesta con alguno de ellos.
– El mediador no puede actuar posteriormente, en caso de litigio, sobre las mismas cuestiones sometidas a la mediación familiar.
– Tampoco pueden otorgarlo los mediadores familiares unidos con vínculo de parentesco por consanguinidad o adopción hasta el cuarto grado o de afinidad con alguno de los sujetos ni los que tengan amistad íntima o enemistad manifiesta con alguno de ellos.
La mediación va dirigida principalmente a los procesos de separación y divorcio y, en concreto, al tratamiento de los conflictos de la división de los bienes gananciales, del régimen de visitas a los hijos y de la pensión alimenticia y pensión compensatoria, aunque la mediación también se aplica en otros terrenos como es la educación, conflictos familiares, etc.

Varios informes autonómicos de equipos de mediación familiar, en la evaluación de sus programas constatan que será de difícil su aplicación y éxito cuando una o más de las partes no están dispuestas o no tienen voluntad de expresar las emociones de una manera constructiva, cuando una de las partes no está dispuesta a identificar deseos, necesidades, sentimientos, no se dispone del tiempo necesario para el proceso de la mediación, una o más partes está más interesada en “tener razón” que en resolver el conflicto, una de las partes está en peligro físico o cuando una o más de las partes está más interesada en luchar que no en resolver el conflicto.

Como he indicado anteriormente, no pueden ser objeto de mediación los conflictos que deban ser abordados desde otros tratamientos o terapias. Así como casos de violencia, abusos y violaciones (Cerdrero, 2006, p.116). En cuanto a casos de violencia, cuando se ha puesto en práctica la mediación, se ha visto como un espacio idóneo para el perdón, siendo un lastre importante en casos de violencia de género por ejemplo. En casos de abusos y violaciones es necesario indicar que no es aconsejable invadir espacios atribuidos a otros profesionales como el campo de lo judicial o el terapéutico.
Otro campo donde suele encontrarse dificultad es el relativo a aquellas situaciones en las que se discute de valores religiosos, morales, éticos…

g) El mediador familiar:
Haynes (1993) define la mediación familiar como “un proceso en virtud del cual un tercero, el mediador, ayuda a los partícipes en una situación conflictiva a su resolución, que se expresa en un acuerdo consistente, mutuamente aceptable por las partes y estructurada de manera que permita, de ser necesario, la continuidad de las relaciones entre las personas involucradas en el conflicto.”
La Ley 1/2007, de 21 de febrero, de Mediación Familiar de la Comunidad de Madrid, define al mediador como “un profesional con titulación universitaria y formación en mediación familiar que será el encargado de facilitar la comunicación y la consecución de acuerdos y compromisos entre los miembros de la familia.”
La definición homologada por el Fórum Europeo de Mediación Familiar desde la que se concibe la mediación familiar sistemática relacional como “un proceso voluntario y confidencial de manejo de los conflictos, mediante el cual se promueve la capacidad de resolución y autonomía de las personas en conflicto. Tiene el objeto de dar respuesta a las necesidades de cada uno a través de un proceso de reflexión y de toma de decisiones facilitado a partir de la co-creación de un espacio compartido de escucha, respeto, confianza y compromiso. El mediador relacional sistemático, desde la imparcialidad, es un promotor de la reflexión, y de la capacidad de las personas para llegar a acuerdos que resulten satisfactorios para todos.”

• Funciones:
La Ley 18/2006 de 22 de noviembre de Mediación expone que el mediador “se obliga a prestar los servicios de información, orientación y asistencia, sin facultad decisoria propia”.
Entre las funciones atribuidas al mediador se podrían dividir en dos tipos. Por una parte la de facilitar activamente un acuerdo aceptable por las partes. Es decir, el mero facilitador, no puede: decidir ni inducir cual es la solución al conflicto (ya que no es ni juez ni árbitro), representar los intereses de ninguna de las partes en conflicto (puesto que no es abogado). A lo sumo representa el interés del menor.

Debe ser activo, tratando de: conseguir una comunicación efectiva y cooperativa, permitir la identificación de los intereses de las partes, ayudar el punto de vista del oponente, ofrecen una visión de futuro al acuerdo alcanzado.
Es función del mediador también emitir una propuesta formal de solución al conflicto no vinculante para las partes.

O´Hanlon y Weiner (1989) señalan que en los quehaceres de los mediadores en la búsqueda de soluciones son: conocer aquellos recursos que los individuos poseen, proporcionando el espacio adecuado para que estos se desarrollen, aceptando que con esta potencia tiene capacidad de resolver sus problemas. La percepción de las partes de que los cambios se están produciendo, forjando en ellos confianza. Tener presente las capacidades de las partes en su lucha particular de enfrentarse a la problemática. Fomentar la iniciativa de las partes en el surgimiento de los temas y objetivos a tratar y facilitar un espacio beneficioso para la búsqueda de la resolución del conflicto.

Dupui (1997) señala una doble función de la mediación familiar. Por una parte una función facilitadora, mediante la cual el mediador tratará que las partes manifiesten sus intereses y necesidades. Por otra una función evaluativa – predictiva, en la que el mediador diagnostica el posible resultado judicial del conflicto y hace ver a las partes sus ventajas y debilidades.
El mediador también puede tener facultades propias de otras figuras, así pueden producirse las siguientes situaciones: mediador propiamente tal (fase activa), mediación con facultades de conciliación (ambiente de discusión propicio) y mediación con facultades de arbitraje (tiene potestad para resolver el conflicto).
También el mediador debe ser capaz de manejar el conflicto y crear los mecanismos para disminuir la agresividad en la familia.

• Obligaciones y derechos del mediador:
Entre las obligaciones que debe cumplir un mediador Blanco Carrasco (2009) destaca: facilitar la comunicación y la consecución de acuerdos y compromisos entre las partes, redactar los documentos de la sesión inicial y final del procedimiento de mediación familiar, cumplir su encargo de forma diligente y leal, mantener, de acuerdo con la legislación vigente, la reserva respecto de lo acontecido en el proceso de mediación y la confidencialidad de los hechos tratados, velar por el interés superior de los hijos menores de edad o de las personas dependientes, actuar conforme a los principios de la mediación, asegurarse de que las partes toman sus decisiones de forma libre y sin coacciones, abstenerse o renunciar a actuar como mediador si concurriese cualquier de las causas previstas en las leyes e inscribirse en el Registro de Mediadores.
En cuanto a los derechos que le pertenecen destacan: el derecho a renunciar a iniciar la mediación o desistir del procedimiento en los supuestos que sea necesario, a percibir los honorarios que correspondan por su actuación profesional, a recibir de las partes información veraz y completa, a dar por terminada la mediación cuando considere que existe causa justificada para ello y a actuar con libertad e independencia.

• Características del mediador:
El mediador ha de caracterizarse por una serie de capacidades naturales en su intervención. Haynes (1993) señala que el medidor debe ayudar a las partes a aceptarle como alguien que: está comprometido con la negociación no con las personas, es equilibrado respecto de las personas participantes, controla el proceso mientras pueda gestionar los contenidos traídos al mismo por las partes, no acepta definiciones unilaterales del problema, les ayuda a desarrollar opciones para resolver y no guarda secretos para con ninguno de los intervinientes.

Dupuis (1997) también señala que el mediador se debe centrar en los intereses y no en las pretensiones. Debe ser capaz de generar un torbellino de ideas “brainstorming” que permitirá tener una diversidad de opciones, mientras más opciones mayor posibilidad de resolver el conflicto.
Para algunos autores, el mediador lo que debe de buscar es que ambas partes triunfen, descartando en principio los casos en que ambos resulten perdedores y que uno triunfe sobre el otro.
Lo esencial en los procesos de mediación familiar además de la eficiencia en los acuerdos será que ellos deben “mejorar” la relación entre las partes, sobre todo cuando hay hijos.

El mediador deberá ser confiable, buen oyente, perceptivo, deberá tener capacitación específica y entrenamiento en el tratamiento interdisciplinario de la problemática familiar, poseerá una seria intención de ayudar, será hábil para la comunicación, flexible, neutral, imparcial, sigiloso (sobre todo respeto de la confidencialidad y de las normas éticas que le impiden violar cualquier secreto), creativo, paciente, conciliador….

Canales (2003) expone al respecto que “el mediador debe ser un tercero neutral, que asiste a las partes para identificar los temas de disputa, para la búsqueda de soluciones acordadas y mutuamente satisfactorias. Su función es lograr que con el acuerdo ambas partes ganen, si de algún modo puede calificarse la búsqueda de soluciones equitativas frente a una situación en crisis. Por esta razón, el mediador no puede permanecer impasible cuando una de las partes, abusando de la situación de inferioridad de la otra, del error o ignorancia pretenda lograr un acuerdo desequilibrado. De admitirlo, no sería neutral, puesto que silenciaría situaciones objetivas permitiendo con su silencio que se efectúe un acuerdo sobre bases falsas, que lo tornaría frágil y, lo más importante, no resultaría una solución estable al problema” (p.6)

5.-Conclusiones:

Ante el elevado índice de fracaso de parejas y matrimonios ha conllevado a una sobresaturación del sistema judicial, lo que en muchas ocasiones dificulta la intervención y la efectividad del sistema social tanto de los juzgados como de bienestar social. Este es el caso de aquellas parejas donde existen menores, los cuales se ven inmersos en una vorágine de litigios entre adultos motivados por sus intereses económicos, sentimentales, entre otros, sin percatarse de que los grandes perjudicados son sus hijos.

Siendo obligación de los Estados y del propio sistema judicial la defensa del interés general de los menores, surge y motiva la necesidad de la Mediación Familiar en la resolución de conflictos.
Expresiones como “yo gano y tu pierdes” con este recurso se modifica y trasforma por “todos ganamos”.
La mediación familiar es un modo de resolución de los conflictos que surgen en un matrimonio que decide separarse y que recurre, de forma voluntaria, a la intervención de una tercera persona, un mediador familiar, que ejerce de catalizador entre los cónyuges.

Se intenta, así, que la pareja negocie los términos de su separación, incluyendo el reparto de responsabilidades y el desarrollo de su paternidad (en el caso de que haya hijos), con el objetivo de reconstruir sus vidas por separado de la forma más armónica posible.
Haciendo participes a los progenitores en la resolución del conflicto, valorando las necesidades, las obligaciones, los deberes y los intereses de las partes, así como sus causas es la forma en que todos marcan una pauta común a seguir donde todos salen beneficiados y sobre todo los menores ilesos de esa situación de la cual no son culpables.

6.-BIBLIOGRAFÍA:
Blanco Carrasco, M. (2009), Teoría general de Mediación. Universidad Complutense de Madrid, [versión electrónica], obtenida el 15 de marzo de 2012 en http://eprints.ucm.es/10039/1/TEORIA_GENERAL_DE_MEDIACION.pdf

Bernal S., T. (1998), La mediación: una solución a los conflictos de ruptura de pareja. Editorial Colex: Madrid, p-191.

Canales, P., Connelly, T. y Loiseau, V. (2003), “La Mediación Familiar, conceptos generales y legislación extranjera”. Serie Estudios Año XIII: Santiago de Chile. Nº 278.

Cárdenas, E. J. (1999), La mediación en conflictos familiares : lo que hay que saber. Editorial Lumen/Humanitas: Buenos aires, p. 236.

Cendrero M., T (2006), Mediación Familiar. Formación Alcalá: Jaén.

Dupui, J.C. (1997), Mediación y conciliación. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, p.33-35.

Folger, J. y Taylor, A. (1992), Mediación. Resolución de conflictos sin litigio. Grupo Noriega Editores: Madrid.

Gately, D.W., Scwebel, A. I., Renner, M.A. y Milburn, T.W. (1994), Divorce ediation: Four models and their assumptions about change in parties’ positions. Mediation Quarterly, Vol 11(3), p. 211-227.

Gozaini, O. A. (1996), Mediación y reforma procesal: la Ley 24.573 y su decreto reglamentario. Argentina: Ediar, 176 p.

Haynes, J.M. (1993), Fundamentos de la Mediación Familiar. GAIA Ediciones: Madrid, p.48-54.

O´Hanlon, W.H. y Weiner D, M. (1989), En busca de soluciones. Paidós: Bracelona.

Ortemberf, O. (1996), La mediación familiar: aspectos jurídicos y prácticos. Ed. Biblos: Buenos Aires.

• Legislación:
Recomendación NºR (98)1, del Comité de Ministros a los Estados Miembros (U.E.) sobre la Mediación Familiar de 1998.

Directiva 2008/52/CE, de 21 de mayo de 2008 sobre ciertos aspectos de la Mediación en asuntos Civiles y Mercantiles.

Ley 18/2006, de 22 de noviembre, de mediación familiar.
Ley 7/2001, de 26 de noviembre, reguladora de la mediación familiar en el ámbito de la Comunidad Valenciana.

Ley 15/2005, de 8 de julio, por la que se modifica el Código Civil.

Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio.

Ley 9/1998, de 15 de julio, de Código Civil de familia de Cataluña.

Ley 1/2007, de 21 de febrero, de Mediación Familiar de la Comunidad de Madrid.

AUTOR: Luis Manuel Rodríguez Otero.
PROFESIÓN: Trabajador Social.
INSTITUCIÓN: Mancomunidad de Municipios de la Comarca de Verín (Ourense).
CONTACTO: luismaotero@yahoo.es

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