El imperio está en crisis, indudablemente, pero la maquinaria de guerra está intacta, aceitada y presta a clavar sus dientes sobre la arruinada Siria. Inglaterra y Francia, como buenos cachorros del imperio secundan la que será, una nueva intervención imperialista cargada de horror y muerte.
Las razones parecen ser la muerte de cientos de personas en un ataque químico; ataque del que quizás nunca sepamos si realmente fue verdadero, si fue de los rebeldes, del gobierno Sirio, o una mentira más como las armas de destrucción masiva que nunca tuvo Sadam Hussein, y que precisamente justificó la invasión de Irak con la consecuente devastación y más de 900 mil personas asesinadas.
Lo cierto es que en el conflicto Sirio, este país ha sido un hueso duro de roer, y los apoyos recibidos de occidente no han sido suficientes para derrotar al gobierno por parte de los rebeldes. La intervención militar directa y descarada de los gendarmes occidentales busca dar un golpe de timón al conflicto y fortalecer las posiciones de los rebeldes y de ellos mismos en la región.
Y es que estas primaveras árabes han resultado con un tufo que no suele oler muy bien; las potencias las han orientado para fortalecer su hegemonía en la zona, y en los casos concretos de Libia y Siria, han metido mano para consolidar sus posiciones. Bien se conoce que las armas para apoyar a los rebeldes en estos conflictos las ponen Estados Unidos y la Unión Europea.
Para la seguridad social que beneficiaría a millones hay crisis, restricciones y privatizaciones, para la guerra hay total abundancia de recursos.
Esta triada imperialista siempre maneja un doble discurso que hace sonrojar a las personas más honestas. Los motivos para legitimar la intervención no se aplican para casos como el colombiano en el que se han asesinado a millares de ciudadanos en un conflicto de décadas; más de mil personas fueron asesinadas en las últimas dos semanas en Egipto (claro, había que sacar del poder a los Hermanos Musulmanes a toda costa) y la triada mira en otra dirección, y así los casos se van acumulando de manera vergonzosa.
Por otra parte, el ataque militar unilateral contra Siria supone que la triada no reconoce en China y Rusia ningún poder, y que siguen desenvolviéndose en una lógica unipolar. Acabar con el gobierno Sirio, supone estrechar el cerco contra Irán, el archienemigo israelí y norteamericano.
¿Cuántos miles de muertos dejará esta nueva incursión del occidente imperial? ¿Recibirá nuevamente Obama o Europa un premio nobel de la paz?
Marcos Chinchilla Montes.
Profesor de la Escuela de Trabajo Social.
Universidad de Costa Rica.





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